Es de conocimiento general que con la llegada de los españoles a México comenzó un proceso de funesta conquista sobre todo el sur del continente americano. Hernán Cortés fue el encargado de dar el punta pie inicial a tan macabro juego.

El gran Moctezuma, emperador azteca, alojó a Cortes y su séquito en un edificio de importancia en Tenochtitlán, esperanzado entablar buenas relaciones con estos hombres barbados que aparentaban cumplir el presagio de Quetzalcóatl.

Una noche, Cortés pidió a Moctezuma, en prueba de confianza y garantía de amistad, que se trasladara al alojamiento de los españoles. Este accedió ingenuamente, y fue secuestrado; quedó a merced de los conquistadores. Otros jefes fueron quemados vivos por orden de Cortés y el propio Moctezuma tuvo que jurar fidelidad a Carlos V. Con el emperador cautivo el consejo tribal lo destituyó nombrándolo a su hermano en su lugar.

La resistencia del pueblo azteca se hizo notar, y la situación de Cortés se tornó cada vez más crítica. Las armas de fuego diezmaban las filas indígenas, pero éstos no retrocedían. Ignorando que había sido destituido, Moctezuma ofreció a Cortés su ayuda para aplacar los ánimos y traer un poco de paz. Se vistió el cautivo con los mejores ornamentos, y precedido por sirvientes y algunos señores, subió a una terraza desde donde pidió al pueblo que dejen las armas y que se restablezca la paz. Pero lejos estuvo de conseguir su objetivo.

La multitud pareció enfurecerse y comenzó a arrojarle piedras y flechas, al tiempo que lo aborrecían con insultos. Los españoles intentaron protegerlo, pero una piedra le pego en la cabeza y lo tumbo al suelo en estado de inconciencia.

Moctezuma profundamente afectado por la herida, se negó a recibir asistencia y alimentos. A los tres días falleció dejando a Cortés sin su valiosa protección y a merced de la furia de los nativos.
La noche del 30 de junio, conocida como la “noche triste”, Cortés decidió evacuar la ciudad debido a la desventajosa situación propiciada por la muerte del líder. Lamentablemente, la conquista estaba recién comenzando.

La historia de la muerte de Moctezuma podría entenderse claramente como una paradoja de las tantas que podemos encontrar en los recovecos del tiempo. Sin embargo, Moctezuma muerto por una piedra lanzada de la mano de su pueblo no representa la generalidad del proceso de conquista, un verdadero genocidio indígena.

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